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El perro de las dos tortas

En la comida escuche la historia de una persona que «le salió el tiro por la culata», se quiso ver como mercenario y al final término como el perro de las dos tortas. Fue muy cómico escuchar cómo se fue dando todo, resulta que el protagonista de esta historia, es un profesional que a través del tiempo había ido escalando en la empresa y tenía la facilidad de delegar las actividades y la astucia para recibir el reconocimiento sin compartir el mérito con quienes lo habían realizado, para los jefes era el empleado modelo.

Como suele pasar en estos casos, el personaje «se subió en un tabique y perdió el piso», e inicio con una serie de exigencias amenazando a la compañía que se iría si no se las cumplían, algunas fueron aceptadas como son: un incremento de sueldo, la modificación de su horario para salir más temprano y la autorización para entrar al comedor de ejecutivos, con todo y estos caprichos que fueron cumplidos, siguió en su papel de empleado indispensable, es más a tal grado que pudo conseguir una oferta laboral en otra compañía similar, pero el exceso de confianza hizo que las cosas se le fueran de las manos…

Al tener la propuesta de la competencia se le hizo muy fácil renunciar y solicitar a su jefe una contra-oferta para poder quedarse en la compañía, en la que exigía una nueva modificación de sueldo y apoyo para adquirir un automóvil por medio de un préstamo a 48 meses por parte de la compañía, pero al tardarse tanto en responder la empresa de la competencia le aviso que por su decidía y la urgencia que tenían por cubrir la vacante, le habían dado la oferta de trabajo a otro candidato, con lo cual él ya quedaba fuera de la posición, mientras tanto en su compañía actual su actitud prepotente había puesto en alerta a su jefe inmediato y verificando con el equipo de trabajo detecto que no era tan excelente empleado como él creía, por lo cual al platicarlo con la Dirección de Recursos Humanos y la Dirección General tomaron la decisión de aceptarle la renuncia voluntaria.

Esta historia nos da un mensaje muy claro de que no hay que abusar de la situación, existen empleados que son subsidiados laboralmente por sus compañeros o por sus subordinados, ellos más que nadie, no pueden ponerse en un papel exigente con la empresa porque si pierden el piso se pueden quedar como el perro de las dos tortas.

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